6 sept 2010

Tratamiento

Ando refugiado tras las 42 pulgadas de una pantalla que me sirve de escudo protector, introduciéndome por las rendijas de los fotogramas en vidas ajenas que evitan que pose los ojos sobre la mía. Me intoxico con lo más corrosivo que los productores televisivos jamás soñaron emitir en horario infantil. Me doy mi ronda de latigazos cada cuatro horas y me regodeo en autocompasión siempre que hay oportunidad. Todo ello acompañado de una dieta rica en esas sustancias que, a largo plazo, sabes que acabarán por colapsar tu organismo pero que, a corto plazo, te regalan cierta paz de espíritu. Lo macero todo con ginebra, para no perder las buenas costumbres. Y, sin embargo, pese a seguir el tratamiento con pulcra dedicación, no percibo mejoría alguna en mi cuadro clínico. Por ello, no puedo evitar preguntarme si quizás en esta ocasión estoy peor de lo que pensaba o si, por el contrario, tal vez debiera cambiar de doctor.

30 ago 2010

Mary and Max

De vez en cuando uno se topa sin quererlo con pequeñas maravillas que le devuelven la fe (y la envidia) por el talento ajeno. Y le obligan a compartirlas con aquellos que, de vez en cuando también, se topan con un lugar tan absurdo como este. Aquí va una muestra de que la animación puede ser una cosa muy seria. Una bonita y agridulce historia sobre una niña que tenía los ojos del color de dos charcos de lodo y un hombre de casi cincuenta cuyo amigo invisible es adicto a los libros de autoayuda. Una historia real sobre dos vidas complicadas, sobre dos de esos seres que deambulan sobreviviendo a sus propias rarezas en un entorno que subestima lo diferente. Dos números primos que se acaban encontrando en una compartida inadaptación al mundo. Pero, por encima de todo, una bonita historia sobre la amistad sin caer en lo fácil y un regalo para los ojos. Que la disfruten.


"God give us our relatives. Thank God we can choose our friends."

23 ago 2010

Vacaciones (de mi mismo)

Que no hay mal que cien años dure ni fracaso que unas buenas vacaciones en el lugar adecuado y con la compañía precisa no curen. Porque "benditos sean los olvidadizos, pues superan incluso sus propios errores".

14 ago 2010

Malditos ojos

Malditos ojos los tuyos. Que atraviesan los cuerpos, que hacen temblar las palabras y rehuir las miradas. Nadie debería tener tanto poder concentrado en sólo dos focos. Nadie, y lo sabes. Dos armas de masiva destrucción, dos bombas de racimo, dos minas antipersona dispuestas siempre para la batalla. Malditos ojos los tuyos, si, que deberían estar prohibidos por decreto, por norma con rango de ley. Desterrados en algún lugar seguro, a salvo de tartamudos potenciales y de inestables funcionales. A salvo de aquellos dispuestos a jugarse más de lo que pueden pagar por una mirada de esos ojos, esos malditos ojos.

11 ago 2010

Siglas

Empezaré tirando de tópicos, que a la tercera va la vencida, dicen. Aún así he admitir que ha sido raro escribir esas siglas, mis siglas, por última vez. Unas siglas que me han acompañado durante dos años y medio, a este y al otro lado de un mismo océano, y me han ayudado a acallar mi agotadora falta de vocación a base de palabras más o menos inspiradas. Tres letras tras las que poder esconderse en un cómodo anonimato y permitirme el lujo de escribir sobre todo lo que se me ha puesto a tiro en este tiempo, que ha sido mucho. De películas y canciones, de lugares y personas, de historias para no dormir y otras para soñar mejor. De todo eso y de una infinidad de cosas más. Y de corrupción, claro, mucha corrupción. A la tercera va la vencida, si. Y me voy contento, sintiéndome privilegiado por todos estos meses al abrigo de esas siglas, aunque con alguna espinita clavada que habré olvidado pasado mañana. Porque mientras hoy golpeaba esas tres teclas por última vez, mi mente ya estaba lejos de allí. Imaginando como será, si es que la hay, la vida más allá de esas siglas.

edv

26 jul 2010

Raíces







Santander son los helados de Regma, las rabas del Gelín, los sobaos de Gómez, el mosto, los caracolillos y las quisquillas, el bizcocho con leche en Santillana, las sardinas en Pedreña. Es el barrio, las vecinas para las que siempre tendrás 8 años, la playa del Sardinero, Mataleñas, el faro, la plaza de las cervezas, las focas de la Magdalena. Son los veranos lluviosos, el verde, el olor a humedad, el verde, las carreteras con curvas. El verde. Es mi necesario oasis, mi coartada entre montañas, mi excusa para sentirme forastero en esta tierra que me acoge. Es mi infancia a remojo por el mar Cantábrico y la demostración de que hasta el peor de los apátridas tiene sus raíces en algún lugar.





22 jul 2010

25%

Hace días, quizás semanas, que la aguja que marca el Norte en mi brújula interna se ha vuelto a desajustar. Una sensación que creía extinguida y que, sin embargo, ahora compruebo que sólo dormitaba tras pasar un apacible invierno a 38 grados. El caso es que he vuelto a las andadas, lo reconozco. A perder la mirada en los mapas, a soñar en lenguas que desconozco e inventarme nuevas vidas en distintos (y distantes) escenarios. Y cuando esto ocurre sólo hay una salida posible. Salida que, desde hoy, está oficialmente un 25% más cerca.