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No puede ser, te dices. Es imposible, piensas. Sin embargo, cada minuto que transcurre convierte tus sospechas en certezas y te encuentras desandando pasos sobre los que juraste no volver a transitar y cuyas huellas, aún frescas, todavía reflejan evidencias de alguna caída inoportuna. Esta vez las señales están claras, no podrás alegar ignorancia. Brillantes flechas, símbolos parpadeantes y hasta pequeñas descargas eléctricas te recuerdan en cada pisada lo inadecuado de tus actos. Si aprietas los ojos, incluso, puedes observar a lo lejos el muro que aguarda impaciente a modo de meta volante. Pero todo eso ya da igual porque hace días que tu cerebro y tu cuerpo vuelven a caminar disociados, como en sus mejores peores tiempos. La ley del deseo ha ganado su pulso y esta vez tu tendencia autodestructiva se lo ha puesto demasiado en bandeja. La tormenta perfecta de nuevo desatada a golpe de ratón. Prepárense, lo del volcán se va a quedar en nada.
"Se que te sientes tan solo que te duele,se que no te gusta la gente, se que tomas demasiados cafés, se que piensas que la vida está pasando a tu lado y no sabes exactamente cómo y se que te has obligado a no pensar en mi, porque es ridículo fantasear sobre alguien que has visto apenas dos veces" (I.Coixet, "Mi vida sin mi")
Dicen los manuales que los buenos jugadores de poker son aquellos que juegan (y ganan) hasta teniendo malas cartas. Después están los jugadores suicidas de poker, que son los que apuestan hasta sin ver las cartas y que anteponen los impulsos del estomago a los del cerebro a la hora de arriesgar. Pero de ellos, me temo, no dicen ni dirán nunca nada los manuales.Hagan juego, señores.
Hay diversas teorías sobre el ruido que hipotéticamente produce un determinado cuerpo inerte al impactar frontalmente contra una superficie plana (o no) tras haber sufrido una pérdida de dignidad generalizada, lo que vulgarmente se conoce como tocar fondo. Un ligero chasquido, dicen unos. Un golpe seco, aseguran otros. Los más melodramáticos comentan incluso que al ruido le acompaña un chirrido que se aferra al timpano con firmeza para que no olvides en el futuro tan infausto momento. A mi sin embargo me ocurre que, extraño como soy y perturbado como estoy, en esos momentos no puedo evitar oir un susurro indescifrable que me recuerda que "nunca escucho, nunca aprendo y no se que pasa que nunca me entero de nada".
Reivindico mi derecho a equivocarme, a dar pasos en falso, a caerme y, sólo si me da la gana, levantarme. Reclamo mi libertad para fallar, para no hacer lo que otros esperan de mi, para decir lo que nadie espera. Invoco el privilegio de fracasar, de no ser exacto ni preciso, de estamparme contra esa pared que todos ven menos yo. Es tiempo de desoir consejos, de cruzar sin mirar, de andar marcha atrás y a la pata coja si hace falta. Es momento de cometer nuevos errores, de provocar mejores y mayores cataclismos.Y debe ser ahora. Y tiene que ser ya mismo.
He creado una máquina. Aplicando mis reducidos conocimientos de mecánica avanzada y toda la mala leche de una vida anterior he dado a luz a la Maquina Definitiva Generadora de Respuestas Aleatorias sobre un Futuro Incierto (M.D.G.R.A.F.I). El nombre, aunque bastante descriptivo, me ha quedado un poco largo, así que por motivos prácticos la llamaré 'la Maquina'.A partir de ahora, cuando un sujeto cualquiera (familiar, amigo o enemigo) me ataque por sorpresa con la típica pregunta de "¿Y que piensas hacer ahora con tu vida?", lejos de perder la calma, dejaré que sea 'la Maquina' la que conteste por mi.Respuestas ingeniosas, serias, predecibles, airadas, misteriosas o incluso amenazadoras se amontonan en 'la Maquina' a la espera de salir al exterior para provocar alguna que otra sonrisa o quizás, quien sabe, decirte aquello que nunca quisiste escuchar. Aviso a navegantes: la pregunta un millón tiene premio. ¿Serás tú?pd: He vuelto. Un mes en el limbo, pero he vuelto. No se hasta cuando, pero he vuelto.
Aquel año, presintió que el invierno sería duro y decidió marcharse lejos, en busca del calor y de quien sabe qué. Al irse, cambió un invierno por un verano y supo que al alterar el orden lógico de las cosas ese ya nunca sería un año como los demás. Y no lo fue.Porque aquel año cogió más aviones que ningún otro y llegó hasta el fin del mundo. Conoció dos nuevos países, cruzó otra vez (y otra más) un océano y anduvo sobre los hielos más antiguos, pisando por donde pocos han pisado antes. Aquel año visitó comunidades aisladas en medio de la Amazonía y supo a qué suena el silencio. También se baño en playas desiertas con las que todavía sueña cuando cierra los ojos. Nadó entre tortugas y peces de mil colores.Pero sobre todo, aquel año le dió un nuevo sentido a la palabra amistad y se reinventó a si mismo en un país totalmente desconocido. Allí bailó al ritmo de sonidos tropicales y aunque no aprendió a moverse como los autóctonos, si supo dejar a un lado su hasta entonces exagerado sentido del rídiculo. Allí fue también partícipe de la fiesta más importante del planeta y se sintió olímpico por unas horas. Conoció a actores, directores, ministros, príncipes y duquesas. Y hasta se le erizó la piel al escuchar desde escasos metros de distancia a un presidente que un día soñó que lo sería.Y cuando mejor estaba, cuando más feliz se sentía de haberse marchado un buen día de enero a buscar un invierno a 38 grados, regresó. Sin un gramo de pena, si con algo de nostalgia, volvió al lugar de donde un día huyó con una extraña sonrisa dibujada en el rostro. La de aquel que se sabe victorioso y que además intuye que sólo conforme vaya pasando el tiempo podrá llegar a entender plenamente todo lo que significó aquel año.
Hora de irse. Metes tu vida de nuevo en unas maletas que apenas cierran mientras te asaltan un millón de tópicos sobre la relatividad del tiempo. Y en ese taxi que atraviesa por última vez un camino tantas veces recorrido te entra la tentación de mirar atrás. Incluso piensas en quedarte y dejar que el mundo siga girando dejándote al margen. Pero no lo haces, porque sabes que si lo hicieras, que si vacilases un sólo instante, la magía de aquel año se esfumaría para siempre. Adiós Río.Adios a todos.Y gracias.